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Revolución 1910

El 13 de Noviembre de 1965, despues de haber cumplido 75 años, el Prof. Aurelio López Hernández empezo a escribir lo que leerán a continuación.

En el año de 1910 en que se inició la Revolución Social Mexicana, la división del pueblo fue más marcada, pues el partido de don Apolonio se declaró MADERISTA y el partido de don Cenobio, PORFIRISTA.

En estas condiciones se encontraa el pueblo de San Francisco, cuando llegó un individuo que decía que había estado recluido en el Castillo de San Juan de Ulúa injustamente, por orden del Gobierno Porfirista y que así procedía ese Gobierno con otros elementos que deseaban la caída del REGIMEN PORFIRIANO. Los partidarios de don Apolonio, se comprometieron a ayudar, de acuerdo con sus posibilidades para atacar a la dictadura.

A los pocos días de haberse ido del publo el propagandista, el partido MADERISTA salió en manifestación por las calles del pueblo, encabezado por la pequeña banda del Maestro don Apolonio. En cada paraje público me subía en una silla (que especialmente llevaba un miembro del partido llamado Ricardo Robles) y pronunciaba algunas palabras contra don Porfirio y los científicos que le rodeaban. Llegó la manifestación en el corredor de la escuela donde estuvo la banda de música ejecutando algunas piezas de su repertorio. En el corredor que queda al Poniente de LA CASA CURATAL, estaban tocando los músicos que dirigía don Cenobio Juárez, con motivo de una asamblea que se estaba celebrando en la Sala de Sesiones del Curato. La banda de don Cenobio ejecutó una fantasía la que en una parte debía alguno de los músicos gritar ¡VIVA!... a tal persona o a tal fecha; pero en lugar de esto, dijo: ¡MUERAN ESOS PEN... ... DENCIEROS! Esta expresión ofensiva acaloró a los músicosy partidarios de don Apolonio, por lo que se lanzaron contra sus adversarios, derrotándolos completamente. En seguida llegaron armados los partidarios de don Apolonio, balacearon la CASA CURATAL y después se fueron al edificio Municipal para quitarle el poder a don Fermín Juárez, que era el presidente, y pusieron en su lugar a don José Zúñiga, quien fungió como Presidente Municipal (Claro que sin reconocimiento del Gobierno, pues era un Presidente anticonstitucional); pero así lo requería el desorden que imperaba en el pueblo.

Los partidarios de don Apolonio para predominar sobre nuestros adversarios formamos una Agrupación que titulamos "CLUB SUFRAGIO LIBRE".
En el mes de diciembre de 1911, en que se efectuaron las elecciones para Presidente Municipal, resultó electo por mayoría de votos el señor José Gabriel Sánchez, quien tomó posesión de su cargo el día PRIMERO DE ENERO DE 1912. En este año la división tomó caracteres alarmantes, como en toda la Nación que estaba dividida en varias facciones.

Los elementos de don Apolonio que no éramos más que 44 ciudadanos, nos declaramos antimaderistas porque habíamos sabido que el Presidente Madero había colocado a sus hermanos en los puestos más importantes del Gobierno y que estaba gastando los SESENTA Y DOS MILLONES DE PESOS que había dejado don Porfirio en las ARCAS DE LA NACIÓN para el sostenimiento de un Cuerpo de Rurales que estaba a su servicio.

A principios de la segunda quincena del mes de octubre del año de 1912 llegaron las fuerzas ixtepejanas a posesionarse del pueblo y a establecer la Jefatura Provisional, desconociendo al Jefe Político que era don Genaro Gil, hijo de don José María Gil, Secretario General del Gobierno presidido por el señor licenciado don Miguel Bolaños Cacho.

Yo, que era el Director de la Escuela del pueblo, suspendí mis labores, porque con el movimiento revolucionario que se iniciaba, comprendí que ya no se podría trabajar con toda libertad. Quería informar al Gobierno del Estado y a la Jefatura política sobre los acontecimientos que se estaban suscitando en el pueblo; pero la incomunicación no me lo permitió y porque el señor Cura don Benito Medinaveitia, encargado de la Parroquia, me aconsejó que no diera parte a la Superioridad, como tampoco él lo daría ala Mitra, porque si llegaban a saber los revolucionarios que habíamos dado parte a nuestros superiores, nos calificarían de traidores.

Ya que estaban los ixtepejanos posesionados del pueblo de San Francisco Cajonos, el Jefe de ellos, llamado Albino Santiago, me citó por conducto de la Autoridad Municipal; obedeciendo al citatorio me presenté ante dicho Jefe de la Revolución Villalteca, quien después del saludo de rigor me dijo: "Lo hemos citado para decirle que hemos sabido que usted es el maestro de la Escuela de este pueblo y que hemos dispuesto que usted sea el Secretario de la Jefatura Provisional que se va a establecer". Yo le contesté que les agradecía su ofrecimiento, pero que no podía aceptar el cargo que inmerecidamente me querían conferir, en virtud de que tenía que trabajar para sostener a mi madre y a una hermana que tenía, que no conocía trabajos de oficina y que en el pueblo había elementos más capacitados y por consiguiente podrían desempeñar con más acierto el cargo con que me estaban honrando. Su segundo, que estaba sentado junto a él, con el arma sobre los muslos, me dijo: "Obedezca, porque lo que los jefes de la revolución disponen, se tiene que cumplir". Unos elementos del pueblo que estaban de acuerdo con ellos, me dijeron: "Acepta, diles que sí, para que no te vayan a hacer algún mal". Asustado con las palabras del Capitán García y con lo que me dijeron los paisanos y parientes, acepté desempeñar el cargo de Secretario de la Jefatura Provisional Revolucionaria, ante el Jefe Albino Santiago, quien me dijo que me presentara al día siguiente a las seis de la mañana para recibir la Oficina que iba a estar a mi cargo.

Como al otro día no me presenté a la hora indicada, mandó unos soldados por mí; me presenté y, después de amonestarme por mi falta de cumplimiento, me entregó una mesa, una silla y los útiles necesarios para el trabajo. Me dictó sus órdenes y empecé a trabajar como Secretario de la Jefatura Revolucionaria de San Francisco Cajonos, sin ninguna remuneración.

La primera orden del Comandante Militar fue: que redactara una circular dirigida a las Autoridades de los pueblos del Distrito, diciéndoles que vinieran a este pueblo a arreglar sus asuntos ante el Comandante Militar o el Jefe Político Provisional.

Al día siguiente llegué a muy temprana hora para realizar otros trabajos que me tenía encomendado el Jefe. Al llegar me sorprendí al ver frente al Edificio Municipal la formación de los elementos armados de Ixtepeji, Yaganiza, Xagacía y San Francisco los que encabezados por el Comandante Militar Albino Santiago, se encaminaron para la Cabecera del Distrito con el fin de aprender al Jefe Político; pero este señor tuvo oportuno aviso y huyó en unión de todos los empleados. Los habitantes, considerando el peligro que corrían sus vidas, también salieron de la población para ir a refugiarse en sus ranchos o alguna población vecina.

Cuando la fuerza rebelde llegó a Villa-Alta, la encontró sin habitantes e inmediatamente quemó las puertas y los archivos de la Jefatura y del Juzgado. Después de estos actos, naturales en todo movimiento revolucionario, regresaron para San Francisco, donde tenían su Cuartel General; pero al llegar, en la cumbre del cerro de Villa-Alta, encontramos a dos hombres que iban a dejarles bastimento a los elementos armados de Zoochila que iban a resguardar al Jefe Político, a los empleados y al pueblo de Villa-Alta. Estos pobres mozos o mensajeros pagaron con la vida sus servicios. Al pasar en el pueblo de Betaza sacrificaron a otro ciudadano que fue denunciado como enemigo de la causa antimaderista.

Al otro día de haber llegado a San Francisco las fuerzas revolucionaras, muy temprano se oyó una balacera en el pueblo de Zoochila, era de los alzados de los pueblos de Laxopa, Yahuio y Guiloxi del Distrito de Ixtlán de Juárez que estaban en combinación con los ixtepejanos, están tomando el citado pueblo que se rindió sin oponer mucha resistencia. Varios de San Francisco acompañamos al Comandante Militar para ir a Zoochila, donde llegamos cuando ya había terminado el tiroteo, nada más que todavía andaban en la población algunos de los alzados. Othón Robles, uno de los principales jefes revolucionarios de San Francisco, se paró en la puerta del templo para impedir que lo incendiaran.

Los antimaderistas de Laxopa, Yahuio y Guiloxi se reconcentraron en Zoochina, para después irse a sus respectivos pueblos, llevándose el botín correspondiente. Nosotros que acompañamos al Comandante Militar, nos fuimos para San Francisco.

A los dos o tres días después de estos acontecimientos, llegó el señor Sabes Herrera para hacerse cargo de la Jefatura Provisional. La toma de posesión de este señor estuvo muy animada, pues hubo un gran desfile de tropas acompañado de varias bandas de música de los pueblos circunvecinos.

Varios pueblos de los Distritos de Ixtlán, Villa-Alta y Tlacolula, claro que unos por convicción y otros por temor, venían a ponerse a las órdenes del nuevo Jefe Político y del Comandante Militar, Totontepec, del actual Distrito de Zacatepec Mixes, ayudó con un número regular de armas y así otros pueblos dabas su contingente de hombres armados y otros ayudaban con víveres.

El Comandante Militar y el Jefe Político acordaron que hubiera un día de “TIANGUIS” todos los domingos, a efecto de que vinieran a este pueblo a hacer sus transacciones comerciales los vecinos de los pueblos comarcanos, y que para el cumplimiento de este acuerdo, me ordenaron que escribiera la circular respectiva, cuya orden fue cumplida.

El Comandante Militar supo que su pueblo, Ixtepeji, esta sitiado por fuerzas federales; inmediatamente ordenó que salieran doscientos hombres para ir a romper el sitio. Los hombres que salieron de San Francisco no llegaron al lugar de su destino, pues al llegar a un cerro de la Sierra de Ixtlán llamado “LA CAGONA”, supieron que Ixtepeji ya había sido incendiado por las fuerzas federales y que ya se venían a quemar también al pueblo de San Francisco, por lo que regresaron al lugar de su procedencia.

Como a las doce horas del día 22 de noviembre de 1912, llegó a la Comandancia Militar un enviado del Agente Municipal de San Miguel Cajonos, trayendo el aviso de que ya venían los federales por el cerro de "LAS CALAVERAS".

Era el tiempo de pizca y casi todos los ciudadanos de San Francisco estaban dedicados a esta labor, por lo que no teníamos elementos suficientes de inmediato. Con unos cuantos armados de Laxopa, de San Francisco la Olla, San Juan del Río y cinco de nosotros de San Francisco, acompañamos al Comandante Militar y al sargento Eduardo de la Rosa para ir al encuentro de los federales. Ibamos muy confiados, pues no creíamos que fuese cierto que ya venían las tropas del Gobierno a atacarnos; nuestra sorpresa fue mayúscula cuando el Sargento de la Rosa nos dijo: ¡ALLA VIENEN! Nos asomamos y vimos que era cierto que ya venían. El Capitán Albino Santiago nos dijo: ¡Súbanse entre las hojas y parapétense donde puedan! Los elementos de Laxopa y San Juan del Río, se quitaron sus camisas, se las amarraron en la cintura y comenzó el tiroteo. Yo le dije al Capitán: ¿No le parece que me vaya a decirle al Jefe Político que conforme lleguen los ciudadanos del pueblo los mande para acá? El me contestó: Sí, es conveniente; váyase con esa comisión. Me dirigí para San Francisco y al llegar abajo del pueblo de San Miguel, me voltee y vi que por el cerro de la "Cáscara" bajaba un cordón de hombres, que después supimos que eran elementos de los pueblos mancomunados de Lachatao, Amatlán y Yavesía. En el camino encontré a Cornelio Luna de San Francisco, quien al oír los disparos y el cordón de hombres, se fue a colocar luego tras de una piedra; cuando llegué a la Ermita de San Pedro, ya estaban los de San Francisco claraboyando las paredes (de la Ermita), seguí caminando hasta llegar a cumplir con mi comisión. El Jefe Político estaba muy pálido y nervioso; yo me fui a mi casa y el Jefe huyó con dirección a Zoochina, pero se sabe que en el río lo asesinaron, sin haberse sabido quién o quiénes fueron los malhechores.

La situación era apremiante, pues las fuerzas federales, los voluntarios de Lachatao, Yavesía y Amatlán del Distrito de Ixtlán, venían avanzando hasta llegar a la Ermita de San Pedro donde colocaron sus cañones, cuyos disparos llegaban a Xagacía y a San Francisco. La pequeña fuerza de San Francisco fue batiéndose en retirada, hasta llegar al cerro donde está la mojonera que sirve de límite entre San Pedro y San Francisco. En este lugar se enfrentaron nuevamente los de San Francisco contra las fuerzas de la federación y aliados, demostrando valor y decisión en tan desigual combate para impedir la entrada de los federales al pueblo. Los soldados de la federación y aliados eran numerosos y con suficientes elementos bélicos; no así los defensores de San Francisco, que ya no tenían parque y gentes que les ayudaran, pues los que les acompañaban huyeron para sus respectivos pueblos al ver lo imposible que era triunfar sobre fuerzas superiores.

Ante esta crítica situación, los armados de San Francisco, para no rendirse, huyeron para el monte.

 

Autor: Prof. Aurelio López (+ Q.P.D.)
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